lunes, 18 de septiembre de 2017

El silencioso grito de Manuela (Cap II, cuarta parte)




“¿De quién tengo que cuidarme?”, se preguntaba a menudo Letizia porque no entendía tantas recomendaciones, la obligación de llevar un crucifijo, de regresar con el sol de la tarde, de no hablar con nadie… La infancia y su juego la estaban ahogando porque era muy sensible y su pobreza interior se parecía a la de una novicia a punto de tomar los hábitos. Era piadosa ante los necesitados, fiel a Dios, obligatoriamente temerosa y enfermiza.

-Letizia, amor, reza por mí un rosario entero-le decía Manuela cuando tenía que salir a buscar Encarnación que se había escapado tras saltar el murallón de los jardines. La niña huía por los baldíos con una muñeca despedazada en las manos y su deseo de libertad se manifestaba con esa rebeldía que se burlaba de la uniformidad de Manuela.

Rubia como un sol, Encarnación le pegaba cachetazos a su madre que la traía de regreso a la casa arrastrando las piernas en las baldosas de cemento mientras Letizia trataba de empequeñecerse y de pasar inadvertida. Ambas no soportaban la custodia de Manuela pero se rebelaban de manera diferente porque debían aprender a crecer solas; el vuelo indefinido de quien las había criado con tantos cuidados las desorientaba. Una se volvía feroz contra ella y la otra se entregaba a sus acertijos, dilemas y paradojas con la convicción casi febril de huir en el momento que nadie se diera cuenta.
Encarnación y Letizia en eso sí estaban de acuerdo; las dos querían escapar de la protesta infantil de Manuela, de su amor posesivo, del maltrato psicológico, de sus predicciones sobre un futuro desgraciado…



En el verano de l970 fueron de vacaciones a Ávila, la ciudad amurallada en la que vivió y murió Santa Teresa de Jesús y Madrigal de las Altas Torres, localidad de esa provincia que vio nacer a la reina Isabel “La Católica”.
La capilla era el lugar más concurrido por los peregrinos. Un retablo barroco que guardaba testimonios de su vida y una escultura de quien creció como Teresa Cepeda, hija de un judío converso que comerciaba telas.

Julián y Manuela eran devotos de la imagen y llevaron a sus hijas para que pudieran conocer, de cerca, la maravillosa historia. Ellos intentaban crear un espacio a la virtud para que no hubiera rebeliones pero las niñas eran diferentes; aunque existiera una idea inicial después se malograba. La manera de entretenerse y de sentir, la comunicación, el compartir momentos, los sueños… no eran posibles sin un respeto, sin entender los objetivos de cada uno… La distancia era mayor porque el vínculo era remarcado por la autoridad de Julián y eso provocaba rechazo, especialmente con Encarnación a quien no le importaban las reglas de educación.

-¡Siempre es mejor volver temprano!-decía con el deseo de regresar a casa porque el paseo la aburría muchísimo. Prefería ver el florero con tulipanes junto al retrato de Rocío, escuchar el llanto de Manuela y merodear entre los conejos. En otro lugar habría una forma más útil de ver la vida, ser una máquina de olvido y poder refugiarse en un sitio menos complejo, libre, sin nudos…
Letizia volvió al colegio a estudiar religiosamente y Encarnación a romper tizas, libros y cuadernos. Ninguna de las dos podía ser rescatada, eran como el día y la noche.
 Letizia, en su adolescencia, sufrió el acoso de su hermana menor hasta el cansancio. Manuela las obligaba a ir juntas a todos lados como parte de ese vertiginoso mundo de contradicciones y de miedos. Julián les entregaba su vida y el dinero que derrochaban a manos llenas. Eran jóvenes de alta sociedad y debían comportarse como tal porque estaban demasiado expuestas a la contemplación indiscreta de los demás. Debían salir de la presión de las miradas pero ¿cómo poder transformar las exigencias internas para que las externas no les complicaran la vida?

Manuela ignoraba el problema y subía la carga negativa al entorno, entonces en el caso de Letizia sus fuerzas se debilitaban a tal punto que a veces se olvidaba de sus obligaciones escolares; estaba siempre enferma tomando té de tilo, manzanilla y boldo que Manuela le llevaba a su cuarto cada media hora. Una manera errónea de tratar de solucionar los problemas.

Letizia no sabía expresar las emociones y eso le ocasionaba dolencias que desembocaban en una soledad testigo de la necesidad vital de tener experiencias propias de su edad. Ya había afrontado la adversidad junto con sus padres, ahora debía trabajar sus aspectos internos para tener una visión mucho más clara de las situaciones; esto, seguramente, si era tratado modificaría sus sistema inmunológico y alejaría los males físicos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

¿Dónde se pueden comprar mis libros?



Hola a todos.
Gracias por seguir mi libro por este blog, es un honor para mí y una alegría enorme. Ya lo hice otra vez y lo vuelvo a repetir hasta que salga la nueva edición con una editorial importante de Buenos Aires.

Les cuento que si lo quieren comprar en Amazon en formato e-book

ACÁ

https://www.amazon.com/El-silencioso-grito-Manuela-Spanish-ebook/dp/B01AX0C47I/ref=asap_bc?ie=UTF8

Para lectores de América.

Para España

https://www.amazon.es/silencioso-grito-Manuela-Lujan-fraix-ebook/dp/B01AX0C47I/ref=asap_bc?ie=UTF8

Y en formato libro físico para todos los países. Acá.

http://www.autoreseditores.com/libro/5431/lujan-fraix/el-silencioso-grito-de-manuela.html







Tengo mi otro libro que está en el concurso de Amazon pero creo que ya no tiene posibilidades.

LA NOVIA

¿Ella regresó por amor?

Se puede comprar por Amazon en e-book y en papel.

Desde España

https://www.amazon.es/novia-%C2%BFElla-regres%C3%B3-por-amor-ebook/dp/B0744ZG16P/ref=asap_bc?ie=UTF8

Y desde América

https://www.amazon.com/novia-%C2%BFElla-regres%C3%B3-amor-Spanish-ebook/dp/B0744ZG16P/ref=la_B01AZPTPKA_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1505678642&sr=1-1



También está en versión físico (papel) para Argentina.

https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-681295234-libro-la-novia-ella-regreso-por-amor-spanish-edition-_JM--------------(copiar enlace porque no funciona)

Lo tiene una librería virtual de Argentina---------------------------------------------

También en esta dirección pueden adquirir desde Argentina dos de mis libros en papel "El silencioso grito de Manuela" (novela) y "Septiembre" (poemas) de regalo para todos ustedes.

https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-660068141-el-silencioso-grito-de-manuela-novela-y-septiembre-_JM#D[S:HOME,L:RECOMITEM-CORE-UNO-HISTORYITEMS,V:1]--------copiar enlace

------------------------------------------------------------------------------------------------

Yo lo único que deseo es que me conozcan, acercarme a ustedes con todo el amor y la vocación que siempre he tenido. Desde los 8 años que escribo y me siento tan feliz que no podría hacer otra cosa. Es difícil llegar a ocupar un pequeño espacio pero estoy luchando día a día por lograrlo, tratando de estudiar y aprender. Escribir no es fácil, no es poner una palabra detrás de otra sino que lleva muchos años de leer, de quedarse horas despierto, de esperar un estímulo, de perseverar...

Gracias por seguirme. Pronto subiré capítulos de LA NOVIA. Es una historia policial con tintes fantásticos. Algo lírica como todo lo que yo escribo. 

Muchos besos de alma a alma con el corazón repleto de deseos de crear vínculos con ustedes.

Pronto tendré noticias bellas para compartir.

Luján Fraix


miércoles, 13 de septiembre de 2017

El silencioso grito de Manuela (Cap II, tercera parte)




Julián venía a su encuentro con Encarnación en los brazos que se agitaba con intenciones de empezar a caminar. Él la amaba sin condiciones porque la criatura era su mitad, la parte verdadera de su “yo”, el recuerdo desordenado de Rocío y el añoso rostro de sus penas. Tenía su mismo carácter: rebelde, omnipotente, encendido… y lo llamaba con balbuceos sin reparar en su madre.

Manuela, con un jarro en las manos, desaliñada y torpe, los miraba como quien ve un espacio de niebla detrás de un árbol caído. La soledad de su alma cambiaba cuando su mente, arbitraria, le acercaba visiones de un ayer penoso, entonces se refugiaba con su angustia y se entregaba al aroma del romero, de la salvia y del tilo con los ojos enrojecidos y los bolsillos repletos de amuletos.
-Dios se ha dormido porque no entiendo su lenguaje-dijo mientras recogía tulipanes para honrar el retrato de Rocío.
Esa imagen no envejecía ni con la contemplación del dolor ni de la dicha; sería, por siempre, una cicatriz indeleble enferma de lloviznas y de estíos con las flores y el aire de campo en los cabellos.

Todos y cada uno, a lo largo de los años, la mirarían al pasar como quien contempla algo sagrado, desvanecido por su belleza en la fotografía.
El altar se erigía en el comedor donde reinaba su alma, allí viviría su eternidad. Manuela colocaba los tulipanes diariamente; no abandonaba los lamentos y las oraciones porque la salvaban de la culpa y de la frialdad del retrato. Ella veía la realidad a través de las palabras del Señor y nada le parecía injusto si venía de su voluntad, pero el tiempo arrugaba los anhelos y ensamblaba olvido y memoria, furia y llanto.

Encarnación y Letizia, cuidadosamente protegidas, parecían niñas devoradas por las rejas de una prisión augusta. Ni Julián ni Manuela las dejaban solas ya que eran vigiladas todo el tiempo por nodrizas, empleadas domésticas, Francisca y Pedro, los vecinos y hasta los habitantes de Barbastro.




Letizia era una alumna sobresaliente, callada y sumisa; a cualquier gesto, reto o mala nota lloraba y se cobijaba íntimamente entre la cabellera para ocultar su rostro abatido. Se había educado en un hogar destrozado por la ausencia de su hermana y por el temor de una madre fulminada por las circunstancias que, frente a la realidad, reaccionaba con impotencia e inmadurez.

Ella había heredado el lado oscuro de Manuela y su preocupación por sobrevivir con la soledad de su alma que vociferaba con toda la voz. Entre los muros de su patio, Letizia criaba gatos y conejos que se llevaban mal con Encarnación que los despertaba cuando estaban dormidos y los obligaba a permanecer inmóviles con las patas en alto.
-Deja los bichos, vamos a jugar…
-No…, vete-decía Letizia y se recluía en el cuarto con un acolchado de terciopelo colorado y repleto de muñecas y de objetos extraños que su padre le regalaba para suplir un poco ese vacío que la niña manifestaba con sus llantos y enfermedades psicosomáticas.


Se entrecruzaban los caminos con melancolía, desamparo, muerte y terror a lo desconocido. Dos hermanas que no podían estar juntas, una madre religiosa con los escrúpulos a flor de piel y un padre que todo lo daba para compensar las faltas.

Mis libros en Amazon

Mis libros en Amazon
Recuerda... no depende la venta de la calidad de tu obra. No escribas pensando en la ganancia. El verdadero Arte nunca fue apreciado en su propia época.